Como siempre, cuando me visitas y te sientas junto a mi por largo rato, observo tu expresión de tristeza y siento no poder ayudarte a sonreír.
Mientras posas tu mano en mi regazo me cuentas de tu vida y de los demás. Si no fuera por ti estaría tan desinformado del mundo.
A veces hace frío y te me acercas más, hay días de calor en que te sientas bajo la sombra de un árbol y me cuesta mirarte así recostado.
Hoy dijiste que extrañabas mi voz y yo que te hablo tanto, supongo que no me escuchas. Pero te propongo un trato: ¿ves ese número que está a tu derecha, sobre la escalera?. Todos dicen que es el código de mi tumba, pero esa no es la verdad. Al llegar acá me entregaron un teléfono y aquél es mi número, llámame.
|