Orgullo y Lamento
La corona de laurel anhelada por
Su propio y fiel guardián,
Ofrece eternos ritos y blancas canciones
A las derruidas murallas del castillo
De la caridad.
Su desgracia, no adherirse ni poseer
Los cantos por los que la corona fue resguardada,
¡Lamentada inocencia de quién cree poseer lo suyo
Y sólo recibe lo ajeno!
Laurel, querido y deseado
Pena olorosa,
Olor de desgracia,
¡Dios maldiga al poeta!
Sus breves y generosos banquetes
No sacian a la dolorosa y embravecida hambre
De los inmortales centinelas de la estética.
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