Disimulaba su estado de inercia mientras su corazón palpitaba emociones. Recordaba que solía salir a fumar por ahí, tal vez aquella noche no se guardó en un cofre, tal vez renació en mi mirada. La luz parecerá moribunda cuando la mire de nuevo, y sin embargo, resucitara de entre sus dedos. Sus ojos son dos cristales verdes que ahuecan su lánguida cara, pensé.
- Serpenteante camino nos espera – dijo
No obstante el cuerpo jamás se movió, murió aquella noche la ilusión.
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