Te mandé un correo que, tal vez, nunca leerás; pero déjalo que navegue por el espacio que encuentre su estrella que busque su arena que llegue a su letra. Quizá, algún día, llegue a la Luna y, pueda, puede, que te diga lo que digo:
Que el mar en su sombra contemple la espuma que construye en la roca; que el coral en su azul casa forme horizontes ya plenos de vientos; que la blanca nostalgia siembre los límites del tiempo que no sabré de ti.
Es tan sólo La Cara de la Luna.
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