Se pierde el mundo ante la nada.
El universo que gira dentro de su ser.
Todo lo que impacta en él lo arma,
lo desarma, le teje y lo desteje.
La pregunta siempre es la misma,
qué es lo que debe ser y no ser.
Es una infinita lluvia de enigmas
que se introducen en la piel.
Cose, descose; construye, rompe.
Frena y levanta, estira y abolla.
Arruga, alisa; agujerea y pincha.
Baja y aplasta. Seca y moja.
Siempre aparecen ángeles dulces,
sirenas que distraen con su cantar.
Pasatiempos conocidos, que de tan conocidos
se vuelven a probar.
Uno en todo. Todo en uno.
El mundo en el ser y el ser en el mundo.
La mente de pensamientos incesantes
que se cuelan en lo insólito y no se dejan ver.
Y tan quieta parece, casi transparente.
Y dentro de ella hay algo siempre por estallar.
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