Diariamente me preocupo por ti, saber si llegas tarde, o si habrás llenado con sueños tus bolsillos. Te hablo para preguntar si la lluvia de la tarde acaso habrá mojado tus zapatos. También he de aclararte que si dejo recados en tu contestadora es sólo para cuidarte del resfrío pasajero del olvido.
No sé si los mensajes estén agotando la pila de tu móvil, pero, ten por seguro que mis dedos no se agotan ni de pulsar las teclas ni de recorrer tu espalda cuando estás sentada frente al ordenador (que por cierto ni siquiera sirve para ordenar las cuentas).
Creo, bien o mal, que mi día se va escribiendo por las veces que te llamo, o por las veces que junto a ti me callo, o por cuando te escucho decir "no me estés fregando"; claro, que tu molestia no tiene otra excusa que el argumento de vivir en una ciudad tan exasperante.
Contigo lleno mi diario, y es que estoy tan lleno de ti, que para mí, queda tan poco espacio. |