Como un oasis en este invierno tan mojado, hoy ha sido un día lleno de luz, con un cielo limpio envuelto de una brisa fresca. Si la alegría tuviera un aroma, hoy se ha podido respirar.
Tenía que ser un día como este en el que me encontrara una mirada que con seguridad era para mí. El tiempo que ha pasado por nuestras vidas me hizo dudar, pero era una de esas miradas, de las que más de cinco veces me hicieron tu cómplice. No había duda.
Me parece que pudimos concluir esa conversación que pensé nunca habríamos de tener. Por fin supiste que todas las ocasiones en las que dije lo bien que estaba sin ti, no fueron más que un triste intento de creérmelo. En cada ocasión me has hecho falta. Lo sabías, pero te hacía falta escucharlo.
Desde el rincón donde vives tu vida, sigues iluminando la mía, tus palabras le hablan a sentimientos poco conocidos, tus ojos siguen viendo caminos que sólo tú ves. Sigues siendo el punto de referencia.
Aunque no era necesario confirmarlo, hoy, como siempre, pudimos decirnos todas estas palabras... sin pronunciar una sola.
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