POR LOS ALREDEDORES DEL LAGO HUILLINCO
Hay una bestia oscura en el asiento de atrás. Puedo sentir su aliento tibio y pestilente envolviendo mi nuca. Creo que viaja conmigo desde hace un par de horas. Es una fiera hambrienta, hecha de tinieblas que acecha silenciosa en el asiento de atrás. Con la mano izquierda toco madera para exorcizar el mal agüero. Intento decir algo para espantar el miedo. Palabras de estopa, de utilería, para rellenar. Mi voz rebota y resuena a desgarro. Por el retrovisor veo como me mira. Sin duda viene por mí. Sé que espera el momento preciso para abalanzarse. El vehículo avanza y los resplandores del pueblo van quedando atrás. Cuando llegue el caso no la eludiré. Al contrario, la enfrentaré. Seguramente se hará la tímida. Se dejará y la aprisionaré. Parecerá un juego. En cualquier momento me ensalivará y me golpeará duramente. Su lengua será un cuchillo que en un descuido yo aprovecharé para que la bestia desgarre la noche, permitiendo que irrumpan los rayos del alba: los únicos que espantan y alejan a estos monstruos... aquí... en Chiloé.
Desde ahora, juro que no me quedaré nunca hasta tarde escuchando las míticas historias que cuenta de don Armando Barría, sobre el Camahueto, aquí en los alrededores del lago Huillinco ..en la Isla Grande de Chiloé.
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