“M e tropecé con mi sombra debajo de un olmo seco,
me impidió hacerla leña , me prometió refrescarme.
Mientras las hojarascas crujientes gemían con mi calzado,
no valoré en ese instante que era mi amiga.
He pasado por esquinas filosas,
donde se caen las mañanas en tardes,
en noche sin estrellas; de ciegas luciérnagas .
He bebido de un arroyo en manos deslavadas,
el agua más cristalina de manos francas.
He visto navegar las penas en charco de sangre,
el consuelo de arreboles desvanecerse,
bajo las miradas de ojos de estrellas.
Siempre me acompaña la ventura
del amigo que me espera en mis caídas:
con una mano me sostiene la esperanza,
con la otra la grandeza del mañana que me saluda.
No sé como agradecer la amistad sincera,
no quiero esperar sostenerla en la flaqueza,
no quiero que suceda nada hiriente en su vida,
seré la alfombra de sus pies cansados,
seré anestesia de sus heridas…
Déjame sacarte una sonrisa… que te debo,
déjame permanecer en tu partida.
Ser el reloj del recuerdo, que marque momento,
el vaso no derramado para aplacar tu sed.”
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