Acércate, adósate al muro
que nadie notará nuestra ausencia,
ya con el poner del sol
todo es fosco,
el candil, ese vendrá después
cuando los grillos inicien el despacho.
Ven, prende mi hogar
préndelo con tea de ocote
aquí, a la orilla del fogón,
préndelo; cuando los nuestros
tengan cobijado el cuerpecito.
Apártate, un poco más,
la leña que he puesto es húmeda,
regresa cuando la luna
este..., bajo la misma arboleda.
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