Talento perdido por no entender lo que vendría y el miedo de consumirse por la expectación del mañana, dejaron sólo un resto de lo que pudo ser la vida y un soplo de uñas marchitas, decepción absoluta del estirar continuo de huesos todos, transformando el otrora cuerpesillo en algo no más ancho que una neurona fundida.
Y la perdida, absoluta... de la conciencia me hizo restregar el futuro entero por el piso apabullando el milagro de proseguir el vendaval del continuo aliento y esperanza, ¡ya no! Sin más, la marcha no volverá atrás... aunque la pena me embargue, absolutamente. |