El mañana sonará aún lejano... como perdido, en la decencia del pensamiento amaestrado por el miedo. Su frío, intacto a pesar del tiempo, me helará el alma de mentiras, cuando tu impasible nombre me rasgue el deseo.
Una maldita imagen de pasados me hablará de ti, rememorando, una vez más, la huida.
Un vendaje de silencios, empobrecerá al llanto hasta dejarlo reseco; desaparecerá la sombra oscura de esperanza y con ella la prórroga de mi propio engaño.
Quizá entonces ya no estés.
No estarás en mí.
Y te convertirás en recuerdo.
Octubre de 2000 |