Llega la oscuridad de la noche. Se que no es bueno acostumbrarse a esto, pero que pasa si no hay otra cosa mejor.
Me adentro entre las sabanas y acomodo mi cuerpo de forma que pueda estar relajada y tranquila.
Busco dentro de mi (muy dentro de mi), esos recuerdos maravillosos que tengo escondidos, los que hay que rebuscar aunque ahora ya me resulta más fácil que al principio pues llevo ya meses practicando este método.
Los momentos que no quiero olvidar y en los que me he sentido feliz asoman en mi mente mientras cierro los ojos y me abandono.
Por supuesto el comienzo es bueno, tengo lo que deseo y anhelo con fuerza, por ahora me funciona, aunque hay veces que se convierten en pesadillas normalmente suelen ser unos bellos sueños en los que soy feliz.
Lo peor de todo es el despertar, tener que esperar que pase el día para poder vivir otra vez, para poder sentir que no estoy sola, para tener lo que deseo.
La jornada pasa gris como siempre, sin nada que aportar y mucho menos ilusionarse, pero pasa y es lo que me esta haciendo reflexionar.
¿Estoy viviendo en una vida? No, estoy viviendo en un sueño y se que eso... no es bueno
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