Déjame descansar sobre las olas tempestuosas
mientras contemplo la cornea del que fuiste ayer.
No me envíes a un cajón olvidado
ni me confundas con el polvo del tiempo.
Llévame en el aire de los suspiros muertos,
mírame en los colores de las nubes de julio,
léeme en las palabras de un poema olvidado;
corre las distancias de mis noches sin sueño,
escarba en la tierra de mi dolor oculto,
viaja conmigo a la inocencia de antaño,
refresca en tu memoria el tacto de mi mano,
los besos que nos dimos en medio del olvido.
Y cuando mañana estés en otro mundo
perdido entre los brazos de aquél que te llevó;
no llores la distancia ni vuelvas la mirada.
Colapsa en un atisbo el odio y el desprecio,
escupe a tu sangre, pues ella te arrastró.
Olvídate por siempre del blanco de mis noches,
Del negro de mis días, de aquélla que te amó.
Conviérteme en el mar, transfórmame en salitre,
En memorias de insomnio regadas en efluvios.
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