Sabía de la partida;
de tu inexorable viaje,
y entreabierta
reconstruí tu imagen
Fuimos fiesta
mandarina y guitarra.
Y después
sólo quedó
un viento triste.
Apretando el cuerpo de mis años
junté mis palabras,
desaté mis vientos,
rompí mis subterráneos
y renuncié con un golpe seco
a tu adiós definitivo.
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