Desgastado por el polvo del desierto, Don Luis se regocija de la sabiduria que surca sus mejillas, que son el reflejo y la solucion de cualquier enigma sobre la vida; la vida hay que vivirla para poder morir feliz.
A pesar de su terminal descabrajamiento, la vida se la sostiene la dignidad y no un puño de vertebras cancerososas. La dignidad en un bordon, la vida en cada paso, la muerte en un suspiro.
Don Luis estrecho mi mano como una despedida, y siguio su paso desgastado por el polvo de este desierto que lo vera morir.
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