No lo sé, detesto-me y acabo-me y termino por amar-te. Cuando hundo mis huesos en tu carne sangran poros vírgenes de amor, y se vuelven
impuros y nos envuelven de impureza sagrada que rasguña suavemente nuestras corazas palpitantes... y reímos, y lloramos y bailamos; saltan dagas hacia el techo que moribundo aulla y se entierra en el cielo y éste en el universo. Las estrellas gritan cuando nos ven amar, y las piedras se derriten, y adquirimos la forma líquida y jugamos dentro del mundo que ya no es mundo, sino una jalea que oscila como nosotros queremos... y ya ni siquiera pienso en mi cuando te amo, ni puedo detestarme, mucho menos acabarme. |