Tan distante yo, del amargo sabor de la sal de tus lágrimas..
Como si el rígido cielo que nos habitaba tanto, se ocultase con el solo recio crujido del mar al fusionarse con el céfiro de nuestros corazones.
Como un displicente adiós que, ni con los años lograron apartarte, vida mía, de mi tonta soledad.
Tan solo, con la suspicaz adhesión de mis suspiros y de tu envolvente mágia al desprender tanto de sentimientos y de tantísima magnanimidad tuya, amor, hazme respirar y vivir del desbordante candor tuyo...
Tu amor, cual noche de estrellas que iluminan tantas almas, concédeme una eternidad de caricias.
Viento del amanecer, hazme sentir, recurrentes ganas de quererte más. |