Si pudiera niña mìa
cultivar ese jardìn,
no de rosas
sino de topacio y estrellas
no de dalias,
sino de caracolas y luna llena,
jugar contigo niña mìa
que hacemos todo nuevo,
que el mar es esperanza derramada que se agita.
La arena, semilla diminuta que perece
El viento, suspiro de la tierra
que se ahoga por las injusticias de los hombres.
La lluvia, estacas de cristal
que clavan los malos sueños
que fatigan el andar.
Quèdate a jugar mi niña,
quèdate a soñar
y entonces con mis manos
voy a retener el fuego
que ilumine tu rostro
de esmeralda y primavera.
Se fue como un silbido
un trozo de tu vida,
infancia creadora
semilla de la tierra,
mi querida niña.
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