Hoy no quiero estar,
deseo desplazarme como tú sueles hacerlo;
deseo intoxicarme, entregarme al tiempo.
Ya mi vista ojerosa evidencia la demencia que me otorgaron las llagas de sus puños,
la sangre de su médula,
la codicia de su inconsciente.
Así, me aborrezco,
de esa forma tan obvia e insensata, como tu recuerdo.
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