Jubilaría mis malos humores, mis irritables momentos de confusión, mis palabras que salen así como vienen sin pedir permiso y sin tener piedad. Jubilaría mis lágrimas, mis ganas de extrañar, mis ganas de no querer vivir, reír ni disfrutar sin su presencia cercana, sin tenerlo a mano. Jubilaría todos mis defectos, los daría de baja, los obligaría a renunciar, los mandaría al exilio. Les patearía el culo, los manipularía a abandonarme; pero no sé si me atrevería, ché. |