Y qué me importa, si derribas la arboleda que bordea mi camino.
Qué más da si sumes en oscura desidia mi marchar.
si los vestigios candentes de mi alma se ahogan en tus palabras,
Y arremete tu indiferencia contra mi ser.
¿No comprendes todavía
que Ho-oo no se achanta,
que despierta, fulgurante,
entre la hiel;
Que vacío sólo estaba ante tus ojos
Y Ave Fénix, llameante volveré?
Cuando el tigre blanco dé la espalda,
y el dragón no marque, de vuelta, ruta;
ni enroscada nos proteja la serpiente
y tortuga no aligere nuestro peso.
No temáis, que estoy adentro,
de vuestras entrañas constreñidas;
puede que no encontréis salida
pero en Fen-huang retornaré.
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