Mis vellos subían,
bajaban,
y giraban,
bailando entre tus dedos,
tu melodía sobrepasaba mis pecas,
erizaba cada hormona alborotada,
y las canicas de tu rostro me miraban,
como grandes luceros radientes,
anunciando,
tu cuerpo en el mío...
Texto agregado el 04-03-2004, y leído por 72
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