La noche avanza pesada, lenta, como enferma. Aquel lejano lucero, aquel que tímido brilla junto a la luna, parece divisarlo todo, saberlo todo.
Mientras el hilo de plata subsista, me dice, espera la resurrección de los sueños, la redención del tiempo.
Mantén alerta tu alma, centinela de la ventana; reposa en el dintel, mantén viva la llama.
Estira tu mano y sostén a tu amada; sólo eso, no digas nada... sólo vela su sueño.
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