Y fue exquisita y precisa tu mirada,
situada frente el apagado e incalculable de mis ojos,
retornando en ellos sofocante amor.
Tus mejillas abrazando las mías,
como el ardiente sol que se refugia en tu pecho,
profundo y silencioso.
Y se escuchan enérgicos tus latidos, amor,
saciados de tanta agitada aflicción,
que mueren y resucitan,
en mis venturosos labios.
Latido,
que en tu corazón reposa intangible e integro,
al respirar una minúscula gota de mi presencia. |