Calma del atardecer,
concedeme adivinar
la perfecta paz de tu andar.
Caprichosos y crueles
tus labios próximos a los míos,
despertando dudosas ansias,
en mi triste soledad.
Tus manos,
repletas de tanta envolvente mágia,
ignoto encanto que mis ojos,
centellosos perciben.
Y tu espalda
cubierta del luminoso sol,
escribiendo cerca del poniente,
numerosas veces,
mi nombre... |