A veces, sólo a veces, la tristeza
se cansa de su rutina, de nostalgias
y comienza a escudriñar por debajo de la cama,
abre puertas y a veces también ventanas
en busca de una lejana esperanza.
La tristeza entonces se viste de otoño,
y se pasea melancólica y taciturna
intentando confundirse con los días
me invita a beber de ella, como no estas
acepto la invitación...
ebrio de tristezas, me arrimo a las sombras
las abrazo y no me creen, me dan la espalda
mas te sigo buscando en los recuerdos,
te saco del malecón, de la plaza, de la catedral,
de caminito, de la puerta de Alcala,
cierro los ojos y despierto al abismo
me empujan a los días de ayer...
y me tomo otro trago para arrancar fuerzas
y no estás
y no estás
garabateo y garabateo un cuento
y el computador cómplice lo borra
saco conclusiones...
aunque no lo creas
encuentro tus ojos
me invitan a navegar
se acaba la ira,
me limpio de la tristeza
y te tengo
y te tango
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