Con colores y pies despierto,
hoy como hombre de poca fe.
Me levanto, un pie primero,
abro los ojos después.
Camina mirada al suelo,
sin importar lo que ve,
con la izquierda se mueve el pelo
y se pregunta quién es:
¿Para qué sigo luchando?
Se pregunta con poca fe,
pues debe jugar al juego
que Dios no quiso jugar con él.
Traicionado se siente en vida,
día y semana, semana y mes
y se pregunta en tal sequía
en qué momento surgió su pie.
Ya en el baño su pierna toca,
y se pregunta cuándo fue
el sinistro momento aquel
en que su cuerpo invadió a su piel.
Súbitamente mira sus manos,
vuelve a preguntar quién es
y una sola respuesta tiene:
hoy soy hombre de poca fe. |