El repicar de los tacos
sobre las calles humedecidas
por aquella lluvia de mayo,
gélida, como los besos
del que te amaba.
Y esas gotas de llovizna
que resbalan por la piel
simulando las lágrimas,
esas que te hicieron presa
del desconsuelo.
Ya no han de volver.
Deja que las calles lloren
que derrame el cielo nostalgias
deja que el viento susurre
y que el rayo termine
de quebrajar tu piel
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