Casi moribunda, con hambre de amor, así me encontraste…
Muy gentilmente… me ofreciste muy buena comida
En bandeja de oro y plata me la serviste
Con una dosis de mucha ternura.
Con mucha dulzura la recibí,
También te entregué, lo que en mi de por vida guardado tenía...
Amor, si dejaras de alimentarme, mi vida acabaría…
Sin esos preciosos manjares, que un día tu alma me proporcionó,
El aire me faltaría, mi sangre se coagularía
Y mi corazón se paralizaría…
Aunque sea con una migaja de ese buen pan y el elixir de tu vino,
Mi alma se sustentará
Mi aire se oxigenará
Y mi corazón por siempre latirá…
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