Sus ojos de gata
Y su eterna melena lisa
Le dan un sabor artificial
Es como sacada de una juguetería
Como una muñeca bien alta y plana
Y al andar parece que sus músculos
Son de hierro
Tiesa, alta, pesada
Aún así esquelética
Ella y su excelente dicción
Retorcían todos mis temores
Su tono burlesco cantando mi nombre
Aterrizando la nube negra
Me hacen recordarla con cariño
Porque no eres la primera ni la última
-decía-
Y así esparcía un poco las culpas.
Tras la puerta, al final de la escalera...
Siempre flotaba,
De chica los nervios me destrozaban
y creía que moriría al alcanzarla
Entrabas y la mirabas hasta que ella se aburría
y te mandaba de vuelta a la sala.
Y tú bajabas levitando la escalera
Medio llorando medio pateando piedras
Porque te daba lata no decir nada.
Y así volvías una semana, mes o año más tarde
Según qué tan mal rindieras
Porque no era tan buena –pensaba-
Porque que las psicólogas eran para fracasadas
Para esas chicas no tan geniales
Que nunca mandaban un juego
Que jamás brillaban.
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