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Inicio / Cuenteros Locales / La_Marioneta / Billy Rockolas

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Billy Rockolas

A Billy Rockolas, aquel que un dia habia alcanzado la gloria con sus viejos escritos, se le habia acabado la suerte, y como la suerte, sentia tambien que se le estaba acabando la vida.
Solo, paseaba por los bares, escribiendo pequeñas historias en las servilletas con el fin de que un dia algo sucediera.
Su vida habìa sido un sinfìn de aventura y ahora todo parecìa haberse terminado.

En uno de sus interminables viajes se encontraba cuando mítico bar de carretera de las afueras de Chicago se encontrò con Tina.
Ella se acercò mientras Billy, estaba apoyado en la barra con la mirada perdida. Èl, la observò confuso. Las mujeres, ya no acostumbraban a acercarse a èl a no ser que fuera por algo a cambio, no dijo nada.
Tina pidiò dos tequilas y se sentò a su lado.

Hablaron durante toda la noche, ella, parecìa encontrar en Billy, un hombre desesperado al que poder ayudar y sentirse mejor. Habìa pasado por allì despuès de una larga travesìa al encuentro de sì misma, y realmente, necesitaba hablar. Billy, enseguida lo comprendiò y ambos, entablaron una gran amistad.
Quedaron al dìa siguiente a comer en un bar de rockeros en el centro, y se despidieron con una gran satisfacciòn.

Billy, entrò en su habitaciòn y comenzò a escribir sobre su andrajosa cama, escribiò y bebiò durante toda la noche, ...
Me encontraba en ese bar, sòlo, como al principio, sin Tina, cuando entrò un hombre que me preguntò si quierìa conocer a Elvis, me reì, todavìa quedan de èstos, pensè. Por supuesto, contestè.
Le seguì hasta el coche, y me llevò a un nuevo bar, entre unos matorrales, parecìa estar escondido.
Increìblemente, estaba lleno, todos bebiendo y fumando, y el clàsico ruido de bar. En una vieja gramola, sonaba Elvis.
El extraño me pidiò que le acompañara, me invitò a una cerbeza y me dijo, ahì està, me dì la vuelta, y allì estaba. Era el mejor imitador que habìa visto en mi vida, hablè con el un rato, pero parecìa estar ocupado.
El extraño se dirijiò a mi y me dijo, hoy estàs de suerte amigo, tienes en el fondo a Marilyn y a James Deam.
Soltè una carcajada, realmente todo aquello era curioso, mirè al fondo y allì estaban. Este debe ser un bar donde se reùnen imitadores o algo asì Fuì a la mesa y presentè, y Marilyn... o quien fuese, pero que mujer, parecìa un espejismo.
Aquello pareciò molestarle al supuesto James y se fuè. ella me invitò a sentarme, por supuesto, asentì, hablamos durante horas, no podìa apartar la mirada de aquella exuberante mujer, parecìa tenerlo todo. Realmente era mi dìa de suerte.
En el bar ya casi no habìa nadie, y juntos nos fuimos a su habitaciòn.
Comenzaba a besarla cuando una extraña luz entrò por la ventana, sentì un extraño frìo y pensè que habìa bebido demasiado, pero aquello no estropearìa mi noche. Entonces sentì que algo me agarraba por detràs y...

Sudaba, sentìa un malestar general, la boca seca, la ropa sucia, que dìa era, que hora, no sabìa nada. Me levantè, era de noche. Fuì al bar y pedì un cafè y comencè a pensar, habìa pasado todo el dìa durmiendo, y... Tina!

Otra oportunidad perdida...

Texto agregado el 22-06-2007, y leído por 110 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2007-06-22 19:13:32 Por favor no dejar comentarios. Texto concursando en el 14º round del Club de la Pelea tejera
 
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