El cansado marinero se aferra a su sueño y grita a Poseidón: "tu no eres de la mar el dueño."
Aferrado a su deteriorada nave un milagro pide a los Cielos: Isa las velas, lucha por alcanzar el puerto, no mira el faro, no conoce la ruta, de su alma echa mano y de la rosa de los vientos.
El barco gime en silencio, cruje la quilla, llora junto con su dueño, se desgarra contra las olas por salir del infierno.
Congregación de nubes, demonios del viento, soledades, desventuras le son opuestos.
Llegaré al puerto --piensa--: la montaña, el camino de flores y la visión de mi dueña, de la soñada ventana me guían, de cierto.
Anhelo encontrar el faro, atracar en el puerto, para siempre; la paz y el silencio.
|