Inertes se quedan los brazos,
respiro,
a la caída inminente.
La locura en aromas,
perdición sin temores,
fuego que no tarda en consumir.
Con los labios resecos,
las caricias difusas
se extinguen sonidos,
incompleta danza.
Sucumbo a las miradas negadas,
ceguera que se impone.
Los cuerpos se vuelven a arrastrar.
Sediento de temblores,
ansiaba los refugios,
un alivio,
a las marcas que quedaban indelebles.
Placer de otro instante insatisfecho.
Distracción de la costumbre y la rutina,
nos erguimos,
triunfadores a los miedos.
Distingo mi espalda entre las sombras.
Acuática fuga,
los sueños se curaron con sabores especiados.
Nueva pieza,
incompleta melodía una vez más. |