Lloro mis silencios residentes,
en medio de azules desteñidos.
Temores manoseados,
repetidos,
reincidencia acostumbrada con sabor a sal.
Se eternizan los dolores.
Y los pies no se afirman,
y las manos no tocan.
Los ojos postergaron las miradas,
tristeza que se niega a abandonar
el vacío y las excusas.
Pesadillas deformes
(me someten)
las luces,
se comienzan a apagar. |