Me ayudaste a descoser las heridas de mi torpe corazón.
Me enseñaste a derribar las puertas.
Me enseñaste a caer con ellas.
Me ayudaste a descender al pozo infinito de tu dolor.
Me enseñaste el sabor del metal en la piel.
Me enseñaste a urgir del brillo lascivo de tus largas botas de cuero.
Me enseñaste el látigo.
Me enseñaste el placer.
Me ayudaste a descubrir los miles de colores que puedo hacer de mis lágrimas.
Me enseñaste que el frío entra por los ojos. |