Vigilan mi castigo las puñaladas del cielo
que con su mirada argenturea
rayan en la noche comprimiendo el miedo.
Vigías de la madrugada,
delirantes ilusiones sin deseo.
Alcé la mirada y estaba ciego
las sombras antes nítidas eran tan solo
cabezazos contra la pared de mi deseo.
En este viaje pensé que alguna vez
mi nave arribaría a buen puerto.
Pero caí en la catarata donde morían los barcos
que precipitandose por el finis-terrae
no volverán jamás, a la realidad de tu cuerpo.
|