Si tuvieras más de dos ojos aceptaría que me acribillaras
y que los lanzaras contra mi pecho para agujerearlo con esos humos que salen del fierro recién escupido
de la Colt
de mi padre.
Si tuvieras una estrategia perfecta para asesinarme de a poquito
me mudaría
a ese parque
que después de la venda es un sótano donde averiguar el fetiche de la pluma,
la carta,
mis pies,
siempre matas a los que tienen mis pies,
mis pies
o mis pantalones caídos, cagados del susto.
Si pudieras hacerme tu cómplice,
te odiaría.
Yo soy más del tipo conejito herido,
masoquista servicial,
lánguida irredenta vestida con gasas lilas al viento.
Si pudieras hacerme tu víctima,
carita de spanish girl,
yo embestiría tu rojo abismo y gozaría la espada que atraviesa mi corazón
no por mi corazón
si no por la tragedia griega
que se cocina en tu mente y se sirve
bien
fría en plato hondo.
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