¡Que agria amargura!
Tus labios envenenan mis angustias.
Tus manos consumen mi alma,
como oscuras devoradoras de pureza,
fina e intangible,
silenciosa y provocadora.
Amo tu silencio,
amo tus labios,
que me sofocan en el día,
de cristal en la noche,
fantasma en la madrugada,
vacío en la oscuridad.
El sol hiere a mis ojos,
el profundo cielo es refugio de tu felicidad,
el suelo refugio de tu dureza,
yo, el refugio pasajero,
nunca apreciado por ti,
por tus manos y tus labios,
por tu dureza y felicidad. |