Hola, ma belle,
Sherazade,
Hubo una vez, pero Ala es más sabio,
Una princesa que quería
Un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
que saludaran sus mañanas
y le dijeran a coro
¡Qué bella eres!
¡Qué sin par!
Y el príncipe,
(un poco angustiado,
todo hay que decirlo)
repite:
En la vida vi
mujer tan fermosa...
tan grácil,
tan hada,
liviana y hermosa,
que vulgar romance
cantar no pudiera
a tan bella dama
y tan caprichosa
que gemas y joyas
desprecia sin duda
por que su locura
no mide en quilates
sino en aventura;
Allí sí se para.
Quizá desventura,
previene, y malsana
memoria de otros
apresa y cautiva
en jaula invisible
sólo imaginaria
desdicha predicha
por la magia negra
de un pasado muerto
que pesa cual sombra.
Y la sombra es
no más que molesta
auesencia de luz.
|