Una mujer, que está de visita en una de las islas del Japón, se encuentra frente a una situación extraña en medio de la plaza de la ciudad que recorre ese día: un joven y una muchacha se acercan, él le toma las manos, luego la toma de ambas orejas, y lanza un grito; posteriormente, ambos se acarician el rostro. La mujer, perpleja, confundida, sin saber qué pensar, imagina enseguida que ambos están locos e intenta dar aviso a las autoridades.
Desde luego, y sin lugar a dudas, la mujer, que no conoce a los Ainu, de Yezo, desconoce el saludo que utilizan entre ellos los hermanos.
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