En su rostro, se notaba, la vaga mirada,que moría en el suelo.
El café tristemente se congelaba en las locuras cafeinosas.
Los cirios lúgubres nos alumbraban el alma y el amor silente,
Que nuestros nervios expresaban.
No quise citar algún verbo fugaz, fuera hacer o deshacer el momento.
Las sombras de nuestros cuerpos juegan, entrelazados en la pared, ráfagas de pensamientos surcaban mi conciencia, de valentía, de tomar sus temblorosas Manos hasta envejecer y dejar huella en la tierra…
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