Ciega en los laberintos de la noche
amoeba blanca, anélido esponjado,
como miasma espectral de tu pasado
cumples el rol que sueña un dios fantoche.
Abres la historia humana en tu derroche
palpitante y febril de icor vedado
que Eva y Adán después de su pecado
lloran en la versión de Dellacroce.
Fuiste dios en los templos del Egeo,
nouma abstracta en las semias del Leteo,
bestia entre cuyas fauces ardió Roma.
Ciega en tu laberinto sempiterno
vas en pos de las llamas del averno
que atizaron las culpas de Sodoma. |