Ambos sentimos el calor que baila las locuras
cuando enciendes tus miradas y tus risas
entonces desvaneces deseos de atraparme
en los sitios más oscuros y sórdidos
de ese lecho que en las noches
nos espera con la calma de las sábanas tendidas.
Ese suspenso leve que te incita
a descoser desvaríos
marcarlos con dientes diferentes
trasmutados por el jugo de tus labios
ganas locas y sueltas ocultas al trasluz
de una lámpara encendida,
ese dolor en tu vientre, que te asfixia
mientras tratas de lanzar gemidos quedos
cortos, efímeros y tercos que nos cruzan
en las noches ausentes;
tantos momentos cercanos
un lecho que de nuevo nos busca
nos atrapa una vez más sin dolores delicados.
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