- ¿Dónde estás? – le susurró
- Solo pensaba - contestó ella
- Pero, ¿en qué? - volvió a preguntar él
- En la forma extraña en que se tornan los sentimientos cuando se pone en juego el corazón - explicó mientras su vista se perdía en el horizonte y sus ojos se tiñeron de un extraño color azul.
- Pero eso siempre pasa. Cuando se ama realmente, hay muy pocas cosas que dejan fuera al corazón - le replicó él que no había pasado por alto los destellos.
Ella mostraba una inmóvil expresión de hastío, sin embargo sus ojos recorrían todos los matices; él, hipnotizado, se deleitaba en su rostro. Entre tanto, la tarde jugueteaba con la brisa y el intenso calor de un junio envejecido, marcaba su paso al compás de las olas del mar.
- Déjame explicarte para que entiendas mejor - y regreso al Malecón mirándolo por vez primera desde que sus pies lo acariciaran - Sucede que en la mayoría de las ocasiones, contamos nuestras historias como si habláramos de personajes imaginarios...
Él le sonrió y beso sus labios sin dejarla terminar, recibiendo por respuesta la mas dulce expresión de amor. El Malecón, juicioso, fue testigo, una vez mas, de sus manos entrelazadas.
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