Muerto de sueño, como a las tres de la madrugada, José entró al dormitorio sin hacer ruido. Se quitó la ropa y se acurrucó suavemente al lado de su esposa acariciándola. Y como respuesta a sus requiebros recibió un inesperado ¡Saca tus dedos de mi ombligo! Regresa a tu computador y continúa allí haciendo clic.
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