No solo tu voz
se queda en el espacio
de la vida.
También tus ojos cocuyos
andariegos
alumbrando mis cielos sin tu lumbre.
Pero es la música, que en
melancólicas saudades me traen
en concierto, arpegios desbordados
de pasión y de ternuras.
Druidas del arcano vertieron
ancestral fragancia, que desde tu boca
derramas en ósculos dulcísimos
para el placer sentido con que me ciñes
en apretado abrazo.
Y es aquí en mi regazo donde duermes
consentido, altivo, victorioso
Al saber que en tí todo me entrama
música , fuego y mis nostalgias . . .
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