Por el sendero aquel
que recorríamos asidos de las manos
y del alma.
Escuchaba tu voz, cual melodía
que alternabas entre susurros y promesas.
Encontraba la exacta señal del agua
que decantada en brillante luz,
dejábame en la boca la tibia caricia de algún beso.
Abrigo alterno y necesario.
Por el sendero aquel sigue la vida . . .
Y mis saudades discurren , entre olvidos y silencios,
recordando cada cita y
el encuentro termal que va en el tacto y el abrazo
nacido en análoga vivencia para sentir lo mismo.
Por el sendero aquel . . .
Que hoy se disuade en tumultuoso río despeñado
y corre hacia el mar buscando tus fragancias
y tus sones con sentida cadencia, desde la nostalgia
nos entrama . . .
|