Un compañero tiene que ser no solamente un camino, sino también el banco esperado, incómodo, descansador y apurador de nuevos horizontes. Me gustan los hombres que no necesitan ducharse tras cada mañana entregados al amor. Me gustan los que toman mate y recuerdan canciones que a mí me dicen algo. Me gustan los que revisan sus bolsillos al salir, más como un gesto mecánico que otra cosa, pero lo hacen. Me gustan los que pegan afiches con scotch en sus piezas. Si se acerca, tiene que mirarme a los ojos y sostener la mirada. Si se aleja, no debe volver la vista atrás (excepto una vez y casi al final). Me gustan los que saben navegar y los que acarician gatos. Me gustan los que se encierran en el baño a leer, a fumar, a cantar. Me gustan los que durante la noche estiran su mano y siguen durmiendo cuando pasa el temblor. Me gustan los que desean andar descalzos y sienten arena entre sus dedos a pesar del frío cemento. Me gustan los que temen a la muerte. Me gustan los que no temen. Me gustan los que olvidan calcetines y recuerdan promesas. Me gusta decirle "compañero". Me gusta que sonría cuando lo digo. |