Germán enciende el cigarrillo
le pega dos pitadas profundas
y larga el humo por la nariz,
luego deja el cigarrillo
colgando en el cenicero,
la morocha en la puerta
lo ha mirado ya tres veces
y entonces Germán va.
El cigarrillo se queda
colgando del cenicero
y la brasa ardiente avanza
mordiendo el tabaco.
Germán dice algo a la morocha,
ella sonríe y lo mira,
él sabe que ha dado en el blanco.
Las brasas ahora son cenizas
y se mantienen unidas
formando un esqueleto gris.
Germán saca de su bolsillo
un paquete, y del paquete
un cigarrillo precioso,
lo enciende , pita y ella lo mira.
El esqueleto de ceniza
no aguanta más,
se derrumba de un solo golpe,
aún quedan brasas ardientes
casi besando el filtro.
Germán acaricia con sus manos
blancas de Dios a la morocha,
sus mejillas, los labios.
Alguien toma el cigarrillo
o lo que queda de él,
le pega una pitada desesperada
y lo aplasta en el cenicero.
Cuando Germán
besa a la morocha,
alguien tira el cadáver
y el resto de las cenizas
en el fondo del inodoro.
|